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CARACTERÍSTICAS:
Los ingleses lo llaman Pug por su nariz aplastada; en Alemania su aspecto equívocamente gruñón le ha valido el nombre de Mopse. En cuanto a su denominación de Carlino se la debe al mimo Cario Bertinazzi, célebre actor de la Comedia del Arte italiana en el siglo XVIII, que representaba el papel de Arlequín con un antifaz negro y que puso de moda este perro. El Carlino, dotado de un físico desconcertante, con una extravagante cabecita aplastada y como salpicada de hollín, con su cuerpo compacto y musculoso, estaba presente en todos los salones de la alta sociedad. Un siglo más tarde, todavía gozaba de gran predicamento como favorito de los elegantes. Este dogo en miniatura, con perfil parecido a un puño cerrado, tiene una larga historia. Su imagen se encuentra en las frágiles porcelanas de la China antigua. Introducido en Occidente -al parecer en Holanda- por los mercaderes que comerciaban con China, se extendió por las provincias flamencas y pasó más tarde a Inglaterra antes de llegar a Francia. El rey Enrique II encontraba los Carlinos "más divertidos, más dignos que sus bufones". Favoritos durante mucho tiempo de los infantes de España, aparecen en numerosos cuadros de los grandes maestros. Actualmente, este minimastín, astuto, sensible, fiel y travieso, sigue siendo muy apreciado. Burlón y glotón, en ocasiones gruñe, pone mala cara o ronronea -aunque de forma menos ruidosa que un gato-, pero sus grandes ojos llenos de ternura le otorgan un encanto especial. Muy identificado con sus amos, guarda la distancia con los extraños, cuando no les es francamente hostil. Tradicionalmente es el perro de compañía de las personas acomodadas en Inglaterra y Estados Unidos. HISTORIA: Según Cornevin, cinólogo de finales del siglo XIX, el Carlino sería una miniaturización del Dogo de Burdeos. Para Firenzo Fioro-ne, especialista italiano contemporáneo, sus orígenes serían idénticos a los del Mastín, ambos procedentes, a pesar de sus diferencias, de una idéntica y antigua raíz asiática. Junto a estas grandes razas existirían variedades enanas que se habrían conservado en toda su pureza hasta hoy. Esta raza, sólidamente implantada y representada, merecería ser más popular. STANDARD: Aspecto general: sólido, compacto y cuadrado. El Carlino debe tener proporciones regulares y músculos desarrollados. Talla: No mencionada en el standard (30-35 cm). Peso: 7-8 kg. Cabeza: ancha y maciza, debe ser redonda sin tener en ningún caso forma de manzana. Surcada de arrugas anchas y profundas. Cráneo sin surco. Hocico corto, cuadrado y nada respin-gón. Ojos: de color oscuro, grandes y prominentes, en forma de globo. Muy brillantes y de expresión dulce. Se encienden cuando el animal está excitado. Orejas: implantadas altas, pequeñas y finas, suaves como el terciopelo. Se admiten dos formas: en rosa o en botón, preferentemente la última. Cuello: se confunde con el cuerpo. Cuerpo: corto y rechoncho; se inscribe en un cuadrado. Pecho ancho. Costillas con buena caida y redondeadas. Cola: enroscada, pegada sobre el muslo. Un doble enrollamiento se considera la perfección. Extremidades: anteriores musculosas y fuertes. Posteriores muy fuertes. Las extremidades son rectas, medianamente largas y bien situadas bajo el cuerpo. Corvejones ligeramente acodados. Pies: bastante redondos. Dedos separados. Uñas negras. Pelaje: corto, espeso y brilante. Color: plateado, albaricoque, beige o negro. Cada uno debe estar bien definido en contraste con la máscara y las marcas de las orejas. Lunares en las mejillas. Señal negra en la frente. Defectos: delgadez. Osamenta liviana. Patas cortas. Cuerpo largo. CONSEJOS ÚTILES: El Carlino soporta mal el calor, muestra tendencia a acatarrarse y debe secarse enérgicamente si se ha mojado. Su manto exige un cepillado regular. Por su tendencia a complicaciones gástricas hay que evitar sobrealimentarlo. Sus ojos son frágiles y lloran con frecuencia. CARLINOS CÉLEBRES: Por su extraño encanto y su aire enternecedor, el Carlino ha conquistado a numerosos personajes ilustres. Entre ellos, en el siglo XVI, al principe holandés Guillermo el Taciturno, amo de un Carlino que no le abandonaba jamás y que una noche le salvó la vida al avisarle de la proximidad de un destacamento enemigo que intentaba asesinarle mientras dormia en su tienda. Durante el reinado de Luis XV de Francia el Carlino fue el perro predilecto de la marquesa de Pompadour, al igual que lo fue de María Antonieta. Sin embargo, uno de los Carlinos más célebres fue sin duda el de Josefina de Beau-harnais -Fortune- que pasó a la posteridad por haber mordido a Bonaparte. "Estaba en posesión del lecho de Madame cuando la desposé -cuenta este último-; intenté hacerlo salir pero fue pretensión inútil. Se me aconsejó que debía ir a dormir a otro sitio o compartir el lecho con Fortune. Ello me contrarió bastante, pero había que tomarlo o dejarlo. Me resigné. El favorito fue menos acomodaticio que yo: ¡En esta pierna conservo la prueba!" Otro Carlino, llamado Mohilof, regalado por la princesa de Rohan al duque de Enghien, se hizo famoso por su fidelidad. Habiendo seguido a su amo hasta los fosos de Vincennes, donde éste iba a ser ejecutado, permaneció durante horas lamentándose del suplicio. En nuestro tiempo, los cinco Carlinos que acompañaban a todas partes a la duquesa de Windsor han familiarizado al gran público con esta raza favorita de los famosos. LA COLA DEL CARLINO: La forma en que el Carlino lleva la cola es muy característica. Se denomina "cola en hélice", "en tornillo" o "en sacacorchos". Forma una espiral simple o doble muy apretada sobre el anca. El doble remolino se considera el limite de la perfección.
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