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CARACTERÍSTICAS:
A pesar de su nombre inglés, el Bloodhound es de origen belga. Se trata del Saint-Hubert, gran perro de jauría criado en las Ardenas desde principios de la Edad Media, conservado y seleccionado por los ingleses a partir del siglo XI. Desde entonces adopta el nombre de Bloodhound, es decir, "perro de sangre". En 1553, el doctor Johan-nes Caius, médico del rey y cínólogo, explicaba así el origen de su nombre: "Es bien sabido [que los Bloodhounds] persiguen su presa no sólo cuando está viva, sino hasta después de muerta, cuando ya han venteado el olor de la sangre" (blood). Pero esta interpretación es rechazada por quienes aseguran que este nombre significa perro de pura sangre, e incluso perro reservado a los nobles. Sea como fuere, ha sido siempre un perro muy apreciado en las grandes jaurías reales. Guillermo el Conquistador lo protegió hasta el punto de decidir que, en sus dominios, los perros de otras razas -y que naturalmente no le pertenecían- sufrieran la amputación de tres dedos para no poder competir con el Bloodhound en la caza. Potente y macizo, el Bloodhound se desplaza con gran majestad. Su cabeza, con la frente y las mejillas profundamente arrugadas, grandes orejas y ojos caídos, recuerda la del Basset Hound, pero su expresión es más solemne. Su cráneo puntiagudo, alto, tiene la cresta occipital muy desarrollada. Dotado de un olfato excepcional, se le considera el mejor rastreador, lo que palia su relativa lentitud. Este perro, dócil y obstinado, es muy apreciado en Inglaterra y en los Estados Unidos. HISTORIA: El Saint-Hubert es, probablemente, el descendiente del Segusius de los celtas y los galos de que habla el historiador griego Arriano de Nicomedia en sus Cinegéticas. Durante la Edad Media, en la abadía de Andain, más tarde de Saint-Hubert, en la actual provincia de Luxemburgo (Bélgica), se fijó hacia el siglo IX esta raza de gran perro de rastreo. Cada año, los monjes enviaban seis de sus más bellos ejemplares al rey de Francia con ocasión de su cumpleaños. Muy apreciados en la corte, eran objeto de cuidados especiales por mozos que no tenían otra obligación que atenderlos. En tiempo de las Cruzadas, el Saint-Hubert fue sustituido por el Perro Gris de San Luis, traído de Oriente. Más rápido, pero menos reflexivo y muy desobediente, este último gozó de un efímero esplendor. De esta manera, el Saint-Hubert continuó durante largo tiempo siendo el más hermoso florón de las grandes jaurías reales, preeminencia que conservó hasta 1570. En esta fecha, Carlos IX, que lo encontraba un poco lento para acosar al ciervo, lo reemplazó por el Perro Blanco del Rey, nacido a su vez de Saint-Huberts blancos, como los Tal-bots ingleses. El Saint-Hubert mantuvo no obstante su importancia en la jauría en calidad de rastreador. En Francia conservó su pureza de sangre hasta la Revolución de 1789, época en la que se abandonó su cría. Afortunadamente, desde el siglo XI los Saint-Huberts habían atravesado el canal de la Mancha en tiempos de Guillermo el Conquistador, donde arraigaron con el nombre de Bloodhound. Se trataba, en efecto, de una raza nueva originaria del Saint-Hubert negro y mejorada en los criaderos del duque de Normandía STANDARD: Aspecto general: perro macizo, de marcha lenta e imponente. Talla: 67 cm el macho; alrededor de 60 la hembra. Peso: 40-50 kg el macho; 36-45 la hembra. Cabeza: es característica de la raza, grande y larga pero estrecha. La piel forma pliegues y anillos. Fosas nasales anchas y abiertas. Mandíbulas largas y anchas a la altura de los belfos, hundidas y delgadas bajo las mejillas. Belfos largos y caídos hasta los pliegues del cuello. Ojos: bastante oscuros, del avellana oscuro al leonado. Orejas: largas y con implantación baja; delgadas y cubiertas de un pelo sedoso; caen formando graciosos pliegues. Cuello: largo y musculoso. Papadas desarrolladas. Cuerpo: pecho caído. Lomo largo y profundo. Riñon sólido. Vientre ligeramente hundido. Paletillas oblicuas. Cola: larga, llevada con elegancia, más alta que la línea del lomo. Extremidades: anteriores rectas, con huesos fuertes y redondos. Posteriores muy robustas. Corvejones acodados, caídos y salientes. Pies: redondos ("pies de gato"). Pelaje: corto y tupido en el cuerpo, suave y sedoso en orejas y cráneo. Color: negro y fuego, rojo oscuro y fuego. El negro debe extenderse por el lomo, flancos, bajo la nuca y punta de la cabeza. Blanco en el pecho y tolerado en las patas. Defectos: nariz rosa o de color distinto al negro o marrón. Pelaje amarillo claro. Iris amarillo claro u ojos de color diferente. CONSEJOS ÚTILES: El Bloodhound siente una imperativa necesidad de ejercicio, por lo que encerrado en un apartamento sucumbe a la neurosis. Es preferible alimentarlo al anochecer, pues tiende a padecer torsiones de estómago y no le conviene ninguna agitación después de la comida. Vigílense las orejas y los pliegues de la cara. LA LEYENDA DE SAN HUBERTO: Según la leyenda, San Huberto, originario de Aquitania y cazador impenitente, tuvo una visión cierto día en que se entregaba a su deporte favorito. Entre las cuernas de un ciervo que perseguía se le apareció una cruz luminosa. En aquella época no podía dejar de interpretarse este signo como una manifestación de la voluntad divina. Asi pues, abrazó la religión, pero sin separarse de sus perros favoritos. Siendo obispo de Lieja, fundó no lejos una abadía e hizo criar allí su jauría. Tras su muerte, los monjes dieron su nombre a la raza y se preocuparon de conservar su pureza de sangre. En su obra Book of Venene, publicada en 1611, George Tu-berville escribe: "Son perros de caza a la carrera que los abades de Saint-Hubert han conservado como un honor en memoria de su santo patrón". Por otra parte, el santo aparece representado en un retablo de piedra que adorna la iglesia de Chauvirey-le-Chátel, en el Alto Saona, en compañía de estos dignos antepasados del Bloodhound.
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