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EL LENGUAJE DEL PERRO PDF Imprimir E-Mail

El lenguaje del perro
El perro «habla». Se comunica por medio de signos olfativos, visuales, acústicos y porj gestos. Este lenguaje se aprende durante el período de socialización, entre la tercera y la cuarta semana de vida.

La comunicación olfativa
El olfato del perro está muy desarrollado y desempeña una función esencial en la comunicación del animal con sus congéneres. El perro que orina en las esquinas de las calles o al pie de los árboles deja una señal olorosa compuesta de orina y secreciones glandulares, que sirve para delimitar su territorio y para enviar a los demás perros «mensajes» cuyo significado ignoramos en parte. El perro que rasca vigorosamente el suelo después de orinar o deponer sus excrementos desprende un olor que emana de las glándulas sudoríparas de las almohadillas plantares y palmares, probablemente con el fin de forzar a otros a que lo respeten. Cuando dos perros se encuentran, empiezan comunicándose por la nariz, se husmean trufa con trufa, se entregan al examen olfativo de todo el cuerpo y principalmente de las regiones anales y genitales. El animal identifica a sus congéneres por el olor. Esta experiencia se adquiere en los primeros días de vida gracias a los mensajes químicos emitidos por la madre.

El olfato desempeña también una función primordial en la vida sexual. Un macho es capaz de oler a una hembra en celo a kilómetros y no duda en fugarse para juntarse con ella, guiado por los mensajes olfativos que deja.

En las relaciones del perro con otros animales, el olfato desempeña también una función muy importante. El perro localiza y reconoce la caza por el olfato. Generalmente no ataca a los gatos ni a los animales pequeños que viven bajo el mismo techo, pues desprenden un olor particular que el perro reconoce como el de la familia.

La voz
El perro se comunica también con la voz. Los diferentes sonidos que emite no son más que complemento de sus otros medios de comunicación. El ladrido puede servir de advertencia, es un aullido en caso de amenaza imprecisa, seco y breve en caso contrario. Cuando un perro ladra o aulla a muerte, todos los perros de los alrededores acuden inmediatamente junto a él. ¿Cuál es el sentido de este mensaje? Al parecer se establece un contacto especial en el transcurso de estos conocimientos caninos, crepusculares y nocturnos. Tal vez se trate de un grito de concentración en este animal de jauría, confinado a la fuerza en un territorio impuesto por el hombre.

El aullido está ligado también a la sexualidad. Un macho separado de la hembra en celo puede aullar sin interrupción, y la perra le responderá en el mismo tono.

Cada vez que el perro ladra, modula su voz según lo que siente. Cuando está en libertad no ladra para expresarse frente al enemigo. Utiliza mímicas de saludo o de intimidación. Por el contrario, si está atado o detrás de una valla, ladra para imponerse, para sentirse seguro. El ladrido es una manera de compensar la «distancia de huida» que habría entre un enemigo potencial y él mismo. (Todos los animales perseguidos mantienen siempre entre ellos y su perseguidor una distancia adaptada a la velocidad de este último, distancia que debe permitirles escapar).

La intensidad del ladrido corresponde a la naturaleza del mensaje que se desea transmitir: entrecortado y huraño expresa amenaza, desafía a un congénere, a otro animal o al hombre para que abandone el territorio. El perro expresa así su fuerza, pero no va a atacar obligatoriamente. Al regreso del amo le recibe con ladridos alegres; lo mismo ocurre cuando el perro sale a dar un paseo. Cuando va de caza ladra de una manera especial para indicar la presencia de la pieza.

Además de ladrar, el perro llora, gime, aulla, gañe, chilla y gruñe: sonidos que tienen significados precisos en las relaciones sociales. Cuando los cachorros chillan, la madre acude inmediatamente. Los quejidos y los gemidos de un cachorro pueden poner en movimiento a todo el grupo. El gemido puede expresar malestar o placer en el cachorro; el grito expresa dolor.

El gruñido está ligado a menudo a la posesión del territorio. El perro manifiesta gruñendo su hostilidad frente a un intruso; es la última advertencia que preludia una pelea inminente.

La mirada del perro es otro medio de comunicación importante. Fija, expresa miedo o malevolencia. El perro mira fijamente al animal que tiene intención de atacar.

Mirar a un perro a los ojos es provocarlo. El perro de pastor sabe muy bien hacerse obedecer con la mirada. La forma de mirar a las ovejas o a las vacas basta por regla general para que le obedezcan. Para reunir el rebaño, el perro se agacha delante y lo congrega con la mirada.

Actitudes y mímica
Cada gesto del perro es un mensaje. El rabo que se mueve alegremente expresa bienvenida, satisfacción. Vuelto hacia el vientre indica temor; cuando se mueve tímidamente significa humildad e inseguridad. El perro mueve todo el cuerpo para expresar sus intenciones a sus congéneres, a los demás animales y al hombre.

El perro agresivo adopta una postura en la que parece mayor de lo que es en realidad: se estira, levanta los cuartos traseros; anda con el rabo levantado, el pecho ensanchado y las orejas tiesas; se le erizan los pelos del espinazo y enseña los dientes. Por el contrario, el perro que quiere mostrarse sumiso con un congénere o su amo intenta aparecer más pequeño, se repliega, baja la cabeza sobre las patas, se arrastra con el rabo y las orejas caídos. Para indicar una sumisión absoluta puede llegar a tumbarse de costado, exhibir sus órganos genitales e incluso orinar.

Cuando invita a jugar a otro perro adopta una actitud peculiar que consiste en arquearse hacia el suelo sobre las patas delanteras, con el rabo y el tercio posterior levantados y la cabeza agachada. En otra forma de invitación al juego, el perro mordisquea el rabo de su compañero, da saltos y presenta el flanco en prueba de sus intenciones pacíficas. El macho que quiere jugar con una hembra realiza una especie de baile sobre las patas traseras y luego posa las delanteras en el pecho de la perra. Un perro grande se pone de espaldas delante de un perro pequeño para expresarle sus buenas intenciones y su deseo de jugar.

El perro es también capaz de desarrollar una mímica facial muy elocuente. Para saludar a otro perro adopta una actitud de deferencia, baja las comisuras de los labios y las orejas, extiende la frente, configura una verdadera máscara de cortesía.

Las arrugas de la cara expresan agresividad. Si las orejas se ponen tiesas al mismo tiempo, el perro no tiene miedo y hay riesgo de que ataque. Cuando siente miedo echa las orejas hacia atrás y adopta un rictus que se parece al gesto de acogida. Toda esta mímica es comprendida perfectamente por los demás perros y animales.

La comunicación con el hombre
El olfato ocupa un lugar destacado en las relaciones del perro con el hombre. Entre mil olores el perro es capaz de reconocer el de su amo e identificar los de los restantes miembros de la familia.

El perro «habla» con el hombre. Se sirve con él de ladridos modulados, alegres, tristes, furiosos o inquietos, según las circunstancias. El perro es muy sensible a las entonaciones de la voz humana y a las palabras. Es algo que hay que tener en cuenta durante el adiestramiento, No hay que gritarle nunca y hay que utilizar siempre la misma palabra para dar la misma orden.

El perro es sensible a la posición vertical del hombre, por ser un signo de superioridad. Si el hombre se pone a cuatro patas o se cae, el animal puede atacarle.

El contacto corporal es un medio de comunicación privilegiado con el hombre. La caricia del amo significa recompensa. Durante el adiestramiento, la mano que premia no debe pegar nunca directamente, sino por medio de un periódico doblado, por ejemplo. Otros medios de comunicación son el lamido y el mordisqueo, con los que el perro expresa simpatía y afecto a su amo. Cuando el animal pone las patas en las rodillas de su amo, indica que desea algo o que se inquieta al verle preocupado. Esta última reacción podría desencadenarla una modificación en el olor específico del amo, tras un acontecimiento grave o una desgracia. El perro que quiere jugar con el hombre le da golpecitos con la nariz y le toca con la pata. El animal gime tristemente para indicar al amo un necesidad apremiante de salir o su deseo de que lo suelten.

Algunos perros «sonríen» al amo; se trata] de una mímica que indica sumisión. La sonrisa de bienvenida, advertida ya por Charles Darwin, se distingue muy bien de los gesta de intimidación y sumisión que dispensa; otros animales. ¿Se trata tal vez de mimetismo? A fuerza de vivir con el hombre, el rro perfecciona cada vez más su lenguaje.


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