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El lenguaje del perro El perro «habla». Se comunica por medio de signos olfativos, visuales, acústicos y porj gestos. Este lenguaje se aprende durante el período de socialización, entre la tercera y la cuarta semana de vida.
La comunicación olfativa El olfato del perro está muy desarrollado y desempeña una función esencial en la comunicación del animal con sus congéneres. El perro que orina en las esquinas de las calles o al pie de los árboles deja una señal olorosa compuesta de orina y secreciones glandulares, que sirve para delimitar su territorio y para enviar a los demás perros «mensajes» cuyo significado ignoramos en parte. El perro que rasca vigorosamente el suelo después de orinar o deponer sus excrementos desprende un olor que emana de las glándulas sudoríparas de las almohadillas plantares y palmares, probablemente con el fin de forzar a otros a que lo respeten. Cuando dos perros se encuentran, empiezan comunicándose por la nariz, se husmean trufa con trufa, se entregan al examen olfativo de todo el cuerpo y principalmente de las regiones anales y genitales. El animal identifica a sus congéneres por el olor. Esta experiencia se adquiere en los primeros días de vida gracias a los mensajes químicos emitidos por la madre. El olfato desempeña también una función primordial en la vida sexual. Un macho es capaz de oler a una hembra en celo a kilómetros y no duda en fugarse para juntarse con ella, guiado por los mensajes olfativos que deja. En las relaciones del perro con otros animales, el olfato desempeña también una función muy importante. El perro localiza y reconoce la caza por el olfato. Generalmente no ataca a los gatos ni a los animales pequeños que viven bajo el mismo techo, pues desprenden un olor particular que el perro reconoce como el de la familia. La voz El perro se comunica también con la voz. Los diferentes sonidos que emite no son más que complemento de sus otros medios de comunicación. El ladrido puede servir de advertencia, es un aullido en caso de amenaza imprecisa, seco y breve en caso contrario. Cuando un perro ladra o aulla a muerte, todos los perros de los alrededores acuden inmediatamente junto a él. ¿Cuál es el sentido de este mensaje? Al parecer se establece un contacto especial en el transcurso de estos conocimientos caninos, crepusculares y nocturnos. Tal vez se trate de un grito de concentración en este animal de jauría, confinado a la fuerza en un territorio impuesto por el hombre. El aullido está ligado también a la sexualidad. Un macho separado de la hembra en celo puede aullar sin interrupción, y la perra le responderá en el mismo tono. Cada vez que el perro ladra, modula su voz según lo que siente. Cuando está en libertad no ladra para expresarse frente al enemigo. Utiliza mímicas de saludo o de intimidación. Por el contrario, si está atado o detrás de una valla, ladra para imponerse, para sentirse seguro. El ladrido es una manera de compensar la «distancia de huida» que habría entre un enemigo potencial y él mismo. (Todos los animales perseguidos mantienen siempre entre ellos y su perseguidor una distancia adaptada a la velocidad de este último, distancia que debe permitirles escapar). La intensidad del ladrido corresponde a la naturaleza del mensaje que se desea transmitir: entrecortado y huraño expresa amenaza, desafía a un congénere, a otro animal o al hombre para que abandone el territorio. El perro expresa así su fuerza, pero no va a atacar obligatoriamente. Al regreso del amo le recibe con ladridos alegres; lo mismo ocurre cuando el perro sale a dar un paseo. Cuando va de caza ladra de una manera especial para indicar la presencia de la pieza. Además de ladrar, el perro llora, gime, aulla, gañe, chilla y gruñe: sonidos que tienen significados precisos en las relaciones sociales. Cuando los cachorros chillan, la madre acude inmediatamente. Los quejidos y los gemidos de un cachorro pueden poner en movimiento a todo el grupo. El gemido puede expresar malestar o placer en el cachorro; el grito expresa dolor. El gruñido está ligado a menudo a la posesión del territorio. El perro manifiesta gruñendo su hostilidad frente a un intruso; es la última advertencia que preludia una pelea inminente. La mirada del perro es otro medio de comunicación importante. Fija, expresa miedo o malevolencia. El perro mira fijamente al animal que tiene intención de atacar. Mirar a un perro a los ojos es provocarlo. El perro de pastor sabe muy bien hacerse obedecer con la mirada. La forma de mirar a las ovejas o a las vacas basta por regla general para que le obedezcan. Para reunir el rebaño, el perro se agacha delante y lo congrega con la mirada. Actitudes y mímica Cada gesto del perro es un mensaje. El rabo que se mueve alegremente expresa bienvenida, satisfacción. Vuelto hacia el vientre indica temor; cuando se mueve tímidamente significa humildad e inseguridad. El perro mueve todo el cuerpo para expresar sus intenciones a sus congéneres, a los demás animales y al hombre. El perro agresivo adopta una postura en la que parece mayor de lo que es en realidad: se estira, levanta los cuartos traseros; anda con el rabo levantado, el pecho ensanchado y las orejas tiesas; se le erizan los pelos del espinazo y enseña los dientes. Por el contrario, el perro que quiere mostrarse sumiso con un congénere o su amo intenta aparecer más pequeño, se repliega, baja la cabeza sobre las patas, se arrastra con el rabo y las orejas caídos. Para indicar una sumisión absoluta puede llegar a tumbarse de costado, exhibir sus órganos genitales e incluso orinar. Cuando invita a jugar a otro perro adopta una actitud peculiar que consiste en arquearse hacia el suelo sobre las patas delanteras, con el rabo y el tercio posterior levantados y la cabeza agachada. En otra forma de invitación al juego, el perro mordisquea el rabo de su compañero, da saltos y presenta el flanco en prueba de sus intenciones pacíficas. El macho que quiere jugar con una hembra realiza una especie de baile sobre las patas traseras y luego posa las delanteras en el pecho de la perra. Un perro grande se pone de espaldas delante de un perro pequeño para expresarle sus buenas intenciones y su deseo de jugar. El perro es también capaz de desarrollar una mímica facial muy elocuente. Para saludar a otro perro adopta una actitud de deferencia, baja las comisuras de los labios y las orejas, extiende la frente, configura una verdadera máscara de cortesía. Las arrugas de la cara expresan agresividad. Si las orejas se ponen tiesas al mismo tiempo, el perro no tiene miedo y hay riesgo de que ataque. Cuando siente miedo echa las orejas hacia atrás y adopta un rictus que se parece al gesto de acogida. Toda esta mímica es comprendida perfectamente por los demás perros y animales. La comunicación con el hombre El olfato ocupa un lugar destacado en las relaciones del perro con el hombre. Entre mil olores el perro es capaz de reconocer el de su amo e identificar los de los restantes miembros de la familia. El perro «habla» con el hombre. Se sirve con él de ladridos modulados, alegres, tristes, furiosos o inquietos, según las circunstancias. El perro es muy sensible a las entonaciones de la voz humana y a las palabras. Es algo que hay que tener en cuenta durante el adiestramiento, No hay que gritarle nunca y hay que utilizar siempre la misma palabra para dar la misma orden. El perro es sensible a la posición vertical del hombre, por ser un signo de superioridad. Si el hombre se pone a cuatro patas o se cae, el animal puede atacarle. El contacto corporal es un medio de comunicación privilegiado con el hombre. La caricia del amo significa recompensa. Durante el adiestramiento, la mano que premia no debe pegar nunca directamente, sino por medio de un periódico doblado, por ejemplo. Otros medios de comunicación son el lamido y el mordisqueo, con los que el perro expresa simpatía y afecto a su amo. Cuando el animal pone las patas en las rodillas de su amo, indica que desea algo o que se inquieta al verle preocupado. Esta última reacción podría desencadenarla una modificación en el olor específico del amo, tras un acontecimiento grave o una desgracia. El perro que quiere jugar con el hombre le da golpecitos con la nariz y le toca con la pata. El animal gime tristemente para indicar al amo un necesidad apremiante de salir o su deseo de que lo suelten. Algunos perros «sonríen» al amo; se trata] de una mímica que indica sumisión. La sonrisa de bienvenida, advertida ya por Charles Darwin, se distingue muy bien de los gesta de intimidación y sumisión que dispensa; otros animales. ¿Se trata tal vez de mimetismo? A fuerza de vivir con el hombre, el rro perfecciona cada vez más su lenguaje.
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INSTINTO MATERNAL DE LOS PERROS |
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Días antes de parir, la futura madre ya está preocupada por la seguridad de sus cachorros. Busca un lugar tranquilo para hacer su «nido», a menudo en el fondo de un armario o incluso en la cama de los amos. Desde el nacimiento, el instinto maternal se manifiesta en los actos indispensables para la incorporación del recién nacido a la vida. La madre lame enérgicamente el vientre de los cachorros, desencadenando así las primeras reacciones y el principio de la respiración. El cachorro lanza su primer alarido durante esta fase. Un poco más tarde, la madre lame la región urogenital y anal, lo que provoca la emisión de orina y de excrementos que la madre come durante varios días. La perra elimina el cachorro que ha nacido mal o está enfermo, como hacen muchos animales. Parece poseer un sentido muy agudo de las menores malformaciones de la carnada. Se citan casos de hembras que han matado a alguno de sus cachorros por tener el rabo retorcido, las patas torcidas' o por carecer de dedos en los pies. ¡Una selección natural verdaderamente rigurosa! Las carencias del instinto maternal Puede ocurrir que una madre manifieste una indiferencia total hacia sus cachorros. Es lo que ocurre sobre todo en las primíparas, con frecuencia agotadas por el parto y por completo desorientadas ante sus cachorros. Su instinto maternal parece haberla sorprendido y observa los cuidados que los humanos dispensan a los cachorros con un interés agradecido. Si la perra tiene dificultad para cortar el cordón umbilical, habrá que cortárselo no demasiado cerca del ombligo. Luego se quitará la envoltura placentaria y se friccionará enérgicamente al cachorro delante de la madre, para animarla a imitar estos gestos. Si ésta se encuentra demasiado débil o indiferente, se le colocan los cachorros debajo de las mamas. Hay que vigilar también estos primeros contactos para evitar que aplaste a los cachorros con su peso o incluso los devore. A veces ocurre, sobre todo en el momento de la manipulación del cordón umbilical, que una perra mutila o devora a uno o varios de sus cachorros. En principio, la perra se detiene cuando el cachorro comienza a proferir alaridos. El alarido actúa como una señal. Si no se produce o si la perra está excitada por la visión de la sangre, continúa, revienta al recién nacido y lo devora, como si formase parte de la placenta. Este fenómeno revela una desviación del instinto. Algunos especialistas opinan que la hembra que sacrifica a sus cachorros padece carencias alimenticias esenciales. Tal vez este comportamiento esté ligado a errores de crianza, deficiencias físicas, psíquicas o afectivas impuestas al animal. La perra a la que se le ha practicado la cesárea, que no ha visto a sus cachorros y que se despierta molesta en su perrera en presencia de los cachorros, puede asociarlos a los «malos tratos» que ha sufrido y destruirlos. Si le han quitado demasiados cachorros de una carnada, puede ocurrir que la madre devore a los supervivientes. Una buena madre Aparte de estas excepciones, la perra es una buena madre, hasta el punto de que, si le .confían los cachorros de otra carnada, los cuidará con solicitud.
Algunos machos se ocupan de los cachorros, pero esto no es frecuente y no se puede hablar de instinto paternal en el perro. En general, el macho casi no presta atención a los recién nacidos e incluso parece estar asustado por su presencia. Sin embargo, nunca les hará daño. Un adulto no ataca nunca a un perro menor de seis meses, excepto si está hambriento. La perra se inquieta desde que es madre; está dispuesta a todo para defender a su carnada. La agresividad tiene su origen en el instinto maternal, y está muy generalizada en todos los animales, incluso en los más pacíficos. Mientras que la agresividad está siempre precedida de actitudes de amenaza, una madre ataca sin previo aviso si cree que sus cachorros corren peligro. Incluso acontece que la perra se lleva su carnada a un lugar más seguro cuando considera que la molestan con demasiada frecuencia. Por el contrario, cuándo está segura acepta con gusto que los miembros de la familia acaricien a sus cachorros, pero continúa desconfiando de los extraños, se muestra agresiva, va y viene alrededor de los cachorros enseñando los dientes, gruñe sordamente y muerde si se acercan demasiado. Algunas madres sienten verdadera fobia hacia los niños pequeños, instintivamente advertidas de que pueden mostrarse crueles con los cachorros recién nacidos.
Todo un sistema de comunicación se implanta muy pronto entre la madre y sus] crías. Si un cachorro se pierde o da alaridos de angustia, la madre lo recupera, lo agarra por la piel del cuello y se lo lleva con los demás. Si es necesario, lo reprime con un mordisco. Cuando la madre lame a sus cachorros uno a uno con cariño no es sólo para limpiarlos, sino para infundirles seguridad. En cierta medida, la perra se encarga de la crianza de los cachorros hasta el destete, que se produce progresivamente. En la tercera y cuarta semana de vida de los cachorros, algunas madres empiezan a regurgitar una parte de los alimentos que han digerido a medias para dárselos a ellos. Así los preparan para abandonar el régimen exclusivamente lácteo. Hacia la quinta semana, cuando los cachorros han sido destetados, la madre se desentiende cada vez más de la camada, se muestra menos vigilante, rechaza la mamada varias veces al día y, cuando los dientes de leche hieren sus mamas, muerde a los cachorros para impedirles mamar. Por otra parte, cada vez los castiga más. Después, poco a poco, se va mostrando indiferente. Por razones fisiológicas y psicológicas se recomienda encarecidamente dejar siempre por lo menos dos cachorros a la madre. La pérdida completa de una carnada provoca un desequilibrio que le afecta incluso si no muestra excesivo interés en buscar a sus cachorros. La fiebre de la leche, o mamitis, es una manifestación poco grave de las perturbaciones motivadas por la desaparición de los cachorros. El desequilibrio hormonal y nervioso originado por la ausencia de la carnada puede dar origen a accidentes graves, como la eclampsia. Si es imposible dejarle los cachorros a la madre, es preferible retirárselos inmediatamente.
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COMPORTAMIENTO SEXUAL DEL PERRO |
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Manifestaciones del instinto sexual El perro manifiesta sus deseos sexuales desde la séptima semana con juegos que simulan el apareamiento. La madurez sexual (formación de espermatozoides o de óvulos) se produce hacia los siete meses en la hembra (a veces a los seis) y entre siete y diez meses en el macho, con variaciones notables según las razas. El celo o estro tiene lugar en principio cada seis meses (sin embargo este intervalo puede variar de cuatro a ocho meses), generalmente en primavera y otoño. El celo dura de quince a veinte días y corresponde al período de ovulación. La perra es fecunda entre el séptimo y el decimocuarto día de la ovulación. Entonces está nerviosa, excitada y busca al macho. Éste es atraído por sustancias químicas, las feromonas, contenidas en la orina de la hembra en celo y que huele a varios kilómetros de distancia. La hembra manifiesta su consentimiento poniendo el rabo de lado y presentando la vulva a su pareja. El acto sexual va precedido de juegos rituales y de un reconocimiento olfativo profundo. El apareamiento propiamente dicho dura de quince a veinte minutos. Después del acoplamiento el perro puede olvidar inmediatamente a su pareja o permanecer excitado un día o dos. También puede escaparse para volver a juntarse con ella. Pero los perros son polígamos y no forman parejas. Cuando varios machos siguen a una hembra en celo libran entre sí peleas que determinarán la jerarquía. El vencedor se aparea el primero y a veces su presencia inhibe a los demás. Factores emocionales pueden modificar el comportamiento del macho. Si tiene miedo o se encuentra en terreno desconocido puede rehusar el apareamiento; por esa razón se lleva la hembra al terreno del macho cuando se quiere cubrir a una perra con un animal de la misma raza. Problemas sexuales de los perros Las necesidades sexuales del macho son importantes y permanentes. No tiene período de celo, pero la presencia de una hembra en celo lo excita. En la ciudad, el 90 % de los perros están frustrados, lo que puede provocar desarreglos tales como la confusión sexual, impropiamente llamada homosexualidad, o la masturbación. A veces ocurre que el animal simula el acto sexual con una silla o con la pierna de alguna persona. Hay que impedírselo y si es preciso castigarlo. Algunos perros de raza frustrados rehúsan la cubrición: la hembra por miedo; el macho por impotencia. La sexualidad reprimida puede engendrar agresividad, sobre todo en el perro en plena madurez, hacia los dos años de edad. Se remedia inyectándole productos que inhiben la acción testicular o, radicalmente, procediendo a la castración. El perro frustrado tiende a fugarse. La perra se fuga más raramente, pero puede estar sobreexcitada. Ciertos sedantes nerviosos y diferentes neurolépticos de uso psicoanalítico les devolverán el equilibrio. Las perras que no han sido cubiertas tienen con frecuencia preñeces nerviosas. Se les administra foliculina para detener la subida de leche y calmantes para atenuar el nerviosismo. Las neurosis debidas a una frustración sexual adoptan también otras formas: el animal se vuelve bulímico, pierde el apetito o come cualquier cosa. |
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LOS PERROS DOMINANTES - JERARQUIA CANINA |
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Los perros dominantes Los juegos y simulacros de combates a que se entregan los cachorros permiten descubrir cuáles serán los ejemplares «dominantes». Los cachorros dominantes se muestran agresivos y atropellan a los demás, mordiéndolos por el cuello. Son los primeros que se lanzan sobre la comida. La dominación de la madre sobre los cachorros prosigue en la edad adulta. Una perra joven no domina a su madre, incluso siendo mayor y más fuerte que ella. El hecho de ser dominante es inherente al carácter del cachorro. No es una cuestión de tamaño, ni de fuerza, ni de sexo. Sin embargo, más tarde, los machos más fuertes serán los que se impongan por lo general y los que se conviertan en dominantes del grupo. Es un fenómeno que se observa en cualquier grupo de perros, donde el más fuerte toma iniciativas, dirige los paseos y actúa como jefe. Pero esta supremacía tal vez no sea compartida por otros perros. Puede haber luchas en el seno de un grupo con problemas de alimentación y, sobre todo, cuando se mezcla una perra en celo. Si el jefe resulta vencido, se produce una alteración del orden social y el vencedor tratará de apoderarse definitivamente del primer puesto. El instinto que impulsa a los perros a imitar al líder es muy fuerte. Si el perro se pone a roer un hueso, si juega o si se lanza a una carrera alocada, los demás le siguen. Este comportamiento permite la unión de los perros de jauría, que durante la caza siguen al perro que va en cabeza. Cuando dos perros desconocidos se encuentran, se reconoce el que tiene un carácter dominante por el comportamiento agresivo que adopta, pues usa un lenguaje corporal y emite gruñidos. Si frente a estas intenciones dominantes el perro al que se dirigen responde con sumisión, no ocurre nada. Si, por el contrario, este último también es dominante y responde con agresividad, la pelea es inevitable. No cesará hasta que uno de los dos perros consiga someter al otro. Algunas razas caninas tienden decididamente a mostrarse dominantes. Generalmente son razas de gran alzada: Dogo Alemán, Perro de Montaña de los Pirineos, perros de trineo e incluso perros más pequeños como Terriers y Teckels. Hay que educar a estos perros con dureza. Necesitan un amo más fuerte que ellos, capaz de imponer su ley, pero sin aterrorizarlos, pues se expondría a transformarlos en perros miedosos y excesivamente sumisos. Cada vez que el perro intente dominar al amo se mostrará agresivo y rebelde; habrá que llamarlo inmediatamente al orden y corregirlo severamente. Con otras razas, como los Perros de Aguas, Galgos, Beagles y otros perros de caza, este problema no se presenta, pues el amo goza de una autoridad bien definida. El Beagle que domina una jauría no tiene problemas con sus congéneres, pues éstos no pretenden impugnar su autoridad o usurpar su puesto, como ocurre en las jaurías de perros corrientes. Cuando dos perros viven bajo un mismo techo, establecen una jerarquía entre ellos, que no planteará problemas en principio, mientras el dominante mantenga una posición estable. Pero si está herido o enferma, el otro perro intenta aprovechar estas circunstancias para usurpar el puesto. Los conflictos de hegemonía En presencia de dos rivales, el hombre no debe hacer gala de su superioridad ni mostrar protección hacia el más débil en presencia del más fuerte. Este último lo interpretaría como un fallo en la regla de la sumisión y podría atacar al otro perro. Por el contrario, hay que tranquilizar al perro dominante y rodearlo de afecto. Así todo estará claro y la jerarquía será respetada con mayor razón: primero el amo, luego el perro dominante y después el perro dominado. La dominación del hombre Algunos perros sumisos muestran con el hombre un acatamiento de tipo infantil y relaciones padre-hijo con el amo. El etólogo Konrad Lorenz ha calificado a estos perros de «tipo chacal». Otros mantienen con el hombre relaciones de tipo social (perros de «tipo lobo», según Lorenz) y consideran al amo como un jefe de jauría a condición de que éste tenga suficiente autoridad para imponerse como tal. Si no, el perro tenderá en la casa a asumir el puesto de dominante que no es adoptado por el amo. Es un fenómeno más corriente de lo que se cree, sobre todo en perros de raza grande en relación con amos tímidos. Cuando el animal impone la ley, se niega a obedecer las órdenes, es indisciplinado en el paseo, defiende a su amo contra los visitantes, a los que ataca, asegura hurañamente sus prerrogativas, gruñe si alguien se sienta en su sillón predilecto y hace difícil la convivencia. En algunos casos, el animal impone su ley a toda la familia y en otros decide qué miembro de la familia es inferior a él. Para evitar el riesgo de ser dominado por el perro, hay que adoptarlo cuando todavía es un cachorro de ocho semanas aproximadamente. En este período, llamado de «socialización», el perro está preparado para establecer los mejores contactos con el hombre. Éste debe imponer firmemente su voluntad, dar órdenes sin réplica y no admitir nunca las tentativas de rebelión del perro sino recompensarlo siempre que le obedezca bien. Cuando es joven, el perro intenta morder a su amo alguna vez, para intentar apropiarse del primer puesto; no hay que dejarle nunca que lo consiga, pues, según la ley de la jauría, sería reconocer que es el más fuerte. Es imprescindible corregirlo inmediatamente. Otra prueba de fuerza sobreviene por lo general cuando un perro alcanza la madurez sexual a los doce meses. El perro que ha sido sumiso con su amo se contentará con simular que le muerde. Por el contrario, si el amo no ha sabido dominarlo, le morderá de verdad. Incluso si un perro nació dominante, la situación no es irreversible. Una buena educación y un adiestramiento duro, pero sin brutalidad, consiguen en la mayoría de los casos doblegar las tendencias innatas. PERRO Y GATO El perro y el gato no se entienden. Todo el mundo lo sabe. El pequeño felino, según algunos, posee una técnica de incitación muy marcada, que induce al perro a perseguirlo. Cuando este último encuentra un gato, incluso en su territorio, muestra casi siempre una actitud amistosa, moviendo la cola. El gato bufa, saca las garras, arquea el lomo y se va. De hecho, el gato tiene una tendencia natural a la huida y el perro a la persecución, como si el comportamiento de uno satisficiese las exigencias del otro y viceversa. Sin embargo, a veces los dos animales comparten el mismo territorio, la casa del amo, sin problemas de convivencia (para el perro, el gato forma parte de la familia). Se entienden perfectamente y cada uno respeta los lugares preferidos del otro. Lo que no les impide librar de vez en cuando algunos combates amistosos, que son sin duda necesarios para su equilibrio.
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Un mínimo de conocimientos de psicología canina y de etología (ciencia del comportamiento) resultan indispensables para conocer bien al perro. La psicología del perro reside en los instintos. El perro es un predador con un instinto de caza todavía muy vivo. Su instinto de defensa del territorio hace de él un guardián nato. El instinto gregario explica su sociabilidad. Los instintos sexuales y maternales le dictan numerosos comportamientos. El perro posee también una forma de inteligencia basada en la memorización de sus experiencias visuales, auditivas, sensitivas o táctiles: esta experiencia le permite atemperar los efectos de sus instintos. Durante toda su vida el perro memoriza situaciones e intenta volverse a servir de ellas en el momento oportuno. La memoria desempeña una función muy importante en su comportamiento. Sin embargo, el perro carece de raciocinio abstracto y no proyecta el porvenir. Su inteligencia se ejerce en el presente. Además de la memoria y de los instintos, las emociones influyen en el comportamiento del perro, en especial con respecto al hombre. Pero si bien es cierto que el carácter del perro depende de su herencia y de su patrimonio genético, también depende de la manera en que el cachorro ha sido educado con relación a su especie y al hombre.
El perro y su territorio Por atavismo, el perro se apropia de una zona reservada a su uso exclusivo, o si vive en grupo a la de su jauría, y sobre ella es soberano. Marca dicha zona con señales olorosas segregadas por las glándulas anales, que le son estrictamente personales. En el campo, el perro da un paseo de varios kilómetros todos los días dejando señales y olfateando de cerca las de los demás. Entre los lobos, este comportamiento delimita el territorio de caza, que defienden contra los intrusos. Estas señales olorosas son en cierto modo el símbolo de la posesión territorial. Cuando un macho extraño las olfatea comprende que debe mantenerse alejado. Por el contrario, para la hembra en celo las señales son una invitación a buscar al macho que las ha dejado. Las señales de orina tienen otro significado. El perro orina al pie de un árbol o en las esquinas de las calles. Señala así su paso por un territorio común. El señalamiento del territorio puede revestir otra forma: algunos perros, machos y hembras, se revuelcan en excrementos, cadáveres en descomposición u orinan cerca. Es posible que actúen así para intentar enmascarar su olor con otro particularmente fuerte. Pero es probable que ese comportamiento manifieste una carencia alimenticia de ciertos elementos, principalmente alcalinos, y algunos veterinarios recomiendan dar al animal como remedio una o dos cucharadas de agua mineral al día. El instinto de defensa y la agresividad El perro defiende instintivamente su territorio contra la intrusión de sus congéneres o de los seres humanos. Esto se explica porque el perro, criado entre los humanos, ve en éstos a miembros de su familia, a sus congéneres. La invasión de su dominio por un animal de otra especie (caballo u otro mamífero, con la excepción del gato) lo deja indiferente en la mayoría de los casos. El etólogo Tinbergen ha estudiado el comportamiento territorial de los perros esquimales. En las aldeas, los machos adultos forman jaurías. Cada una posee un territorio que defiende contra los miembros de las demás jaurías (el perro dominante, casi siempre un macho robusto, asume la responsabilidad de esta defensa). Los machos adultos conocen los límites de los territorios y no los franquean. Los jóvenes, por el contrario, no parecen conocerlos, y cuando se introducen en el territorio ajeno son castigados. El instinto de defensa del territorio proporciona al perro cualidades de guardián. El animal vigila el terreno, el jardín o la casa con el máximo celo y al menor contratiempo da la alarma ladrando. Algunas razas son famosas por sus aptitudes como perros guardianes. Pero se encuentran excelentes perros guardianes en casi todas las razas. La agresividad que genera el instinto de defensa del territorio contra la intrusión de rivales no se ve, como ocurre con la agresividad de orden sexual, afectada por la castración. Si sus propietarios han habituado al perro a recibir visitas de otras personas, el animal no mostrará agresividad contra los individuos, sobre todo si está perfectamente sometido al amo. Para él, la familia es su jauría y su amo el jefe de la jauría. Por consiguiente, a este último le corresponde la iniciativa de la defensa del territorio. En un jardín cercado o en un piso el perro se siente protegido. Si se abren las puertas, pierde la seguridad y se siente acorralado, como amenazado en su territorio. La situación es idéntica cuando se abren las puertas de un coche guardado por un perro. Según su temperamento gruñe o ataca directamente. Si al ladrar y amenazar el perro intruso no huye, el animal desconcertado pierde su agresividad con frecuencia. Pero si el individuo da media vuelta, el perro se considera eficaz, redobla los ladridos y muestra los colmillos. Cuando la manifestación de hostilidad hacia los intrusos está ligada a la defensa del territorio, nunca se debe castigar ni pegar al perro. Simplemente bastará con reñirle y aislarlo en una habitación cada vez que gruña o ladre en presencia de invitados. No olvidemos que cuando agrede a un intruso cumple con su deber, y que su instinto de defensa del territorio le permitirá hacer huir a un eventual ladrón. Los perros guardianes muerden sobre todo a los niños: estadísticas americanas muestran que, en Estados Unidos, la mitad de las mordeduras tienen como víctimas menores de 20 años, y que solamente en el 10% de los casos se trata de mordeduras graves. Cuando un niño se acerca al territorio de un perro se expone a despertar el instinto de defensa del animal y, como aquel no se da cuenta, el perro le muerde. Con frecuencia se reprocha a los perros que muestran agresividad. Pero lo cierto es que nunca atacan sin razón. COMPORTAMIENTOS AGRESIVOS Los comportamientos agresivos de los perros tienen causas complejas, cuyo origen radica en el psiquismo del animal. El instinto de ataque y de defensa, exacerbado por el adiestramiento, no siempre explica la agresividad, ya que otros instintos entran en juego: maternal, sexual, instinto de caza y de persecución de la pieza. En Francia, en 1982, dos Dogos Alemanes, un macho y una hembra, famosos por su simpatía, se escaparon de un recinto cerrado y se ensañaron con un niño de ocho años que murió a causa de las heridas. ¿Cómo explicar tal accidente? Tal vez por un influjo muy fuerte de placer y alegría que produce la sensación de estar libre de repente, o por los olores del campo, que despiertan el instinto de caza, haciendo renacer la naturaleza profunda del depredador. Los dos perros salen a buscar la caza. Dos niños se cruzan en su camino, se asustan, gritan e intentan huir. Entonces se despierta en ellos el instinto de la caza. El instinto de protección de la hembra que está a su lado pudo explicar también el comportamiento agresivo del macho. Pero pudo intervenir otro factor: la emulación. El perro dominado sigue el ejemplo del perro dominante. Por otra parte, la agresividad que tiene su origen en el instinto sexual es un fenómeno corriente, pues el animal que no puede saciar sus apetitos tiene dos soluciones solamente: la inhibición y la neurosis o la agresividad.
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HIGIENE Y ACICALAMIENTO CANINO |
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Los cuidados de limpieza Tanto para el perro como para el hombre, una buena higiene es garantía de buena salud y de una vida más larga. En la higiene lo primero que se ha de tener en cuenta es la limpieza. Comprende el cepillado, el baño y la limpieza de las diferentes partes del cuerpo. Algunos cuidados son diarios, otros semanales, otros mensuales. Pero no debemos olvidar que para que los perros tengan buena salud es absolutamente necesario que hagan ejercicio; éste es una cuestión de higiene. El cepillado Se le debe cepillar una vez al día o a la semana según las razas. El cepillado sirve para quitar el polvo, los restos de suciedad o manchas y los pelos muertos. Durante la muda, en primavera y en otoño, hay que cepillar al perro con mayor frecuencia. A veces, en este período, se quita hasta una palangana al día durante un mes a los perros grandes de entrepelo muy tupido. El material necesario para cepillar es el siguiente: — un cepillo de nilón, de crin o de cerda de jabalí para los pelos largos; metálico para los pelos semilargos y de cualquier tipo para el pelo corto — peines finos con púas tupidas, escarpidores con púas ralas, o peines intermedios con mango. — una almohaza con dientes metálicos para cepillar el entrepelo en período de muda. Ponga al perro en una mesa y empiece a cepillar enérgicamente de la cabeza al rabo, siempre en el mismo sentido; luego los costados y finalmente las patas. Tenga cuidado de no quitar el entrepelo. Si su perro tiene el pelo muy largo (Galgo de Afganistán o Collie, por ejemplo) pueden formarse nudos que le costará desenredar. Con frecuencia están situados detrás de las orejas y parecen apéndices cutáneos. Si no consigue quitarlos con el cepillo, utilice las tijeras, cuidando de no cortar la piel. Cuando termine el cepillado, péinelo con un peine metálico fino, excepto el bigote y las orejas. En período de muda la almohaza es el mejor instrumento. Sustituye al cepillo y al peine y permite practicar un masaje cutáneo muy útil para estimular el crecimiento del pelo y evitar que continúe la caída. Los perros que viven en un piso se cepillarán con más frecuencia que los que viven en el campo y duermen fuera, ya que pierden el pelo de forma permanente. Después del cepillado puede lustrar el pelo con un aceite no demasiado graso. El baño Al perro se le puede bañar muy pronto (3 meses) y además el baño resulta indispensable para el ejemplar que sale de la perrera. A esa edad, la temperatura ambiente debe ser de 20 °C por lo menos. En caso necesario podrá utilizarse una loción alcohólica. Deberán evitarse los polvos, pues ensucian el pelo. En realidad sólo se justifica el lavado en seco cuando el perro está enfermo. La frecuencia de los baños dependerá del régimen de vida del perro (ciudad o campo), de la raza y sobre todo de la naturaleza del pelo. Si vive en el jardín sin entrar en casa, tres o cuatro baños al año bastan. Los ejemplares de algunas razas de pelo duro y muy tupido, o semilargo con un entrepelo denso (Boyeros, perros nórdicos), hay que bañarlos dos veces al año. En un piso se les bañará más a menudo, una vez al mes o cada dos meses, ya que la contaminación de las ciudades y la convivencia doméstica con su perro hacen necesaria una higiene más estricta. Utilice un champú especial para perros que contenga productos antiparasitarios. También hay champúes embellecedores para perros de pelo muy largo, antiseborreicos para pieles grasas, y champúes anticaspa. Evite los champúes destinados a las personas. Podría emplearse un champú para niños pequeños, de pH neutro, que no hace llorar, aunque sólo ocasionalmente. Antes de bañar al perro hay que cepillarlo y, si tiene el pelo largo, cerciorarse de que éste está bien desenredado. Si el perro cabe en ella, utilice la bañera, con un poco de agua templada y una alfombra de goma para evitar que resbale. Si se trata de un perro enano puede utilizar un barreño. Se dispondrá el agua a una temperatura de 35 a 40 °C. Empiece mojando completamente al perro, de la cabeza al rabo; luego, con una esponja o con la mano, frótelo con champú evitando que éste le entre en los ojos y en las orejas. Si es preciso, proteja las orejas con algodones. Frote las patas, los espacios interdigitales y las uñas con un cepillo suave. A continuación, aclare todo el cuerpo con agua templada procurando eliminar todo el champú. Si es preciso, repita el enjabonado y el aclarado. Cuando termine esta operación, saque rápidamente el perro de la bañera y envuélvalo en una toalla cálida, frótelo y séquelo. Después lo secará con un secador de pelo a temperatura media. Desenrédele el pelo con un cepillo metálico, cardador o con un peine manejados suavemente para no arrancarle mechones. Hay que esforzarse para que el perro no se enfríe después del baño. Como se sabe, una capa sebácea cubre la piel y sirve para la regulación térmica del perro. Pero como esta película protectora no resiste el jabón, después del baño, incluso si el animal está seco, habrá perdido su principal protección contra el frío. Por consiguiente, es importante secarlo bien y, si el tiempo es frío, habrá que esperar unas horas antes de sacarlo a la calle y tomar la precaución de ponerle una manta. Si hace buen tiempo, deje que el perro se sacuda al exterior después de haberlo secado con una toalla.
Orejas Las orejas deben vigilarse semanalmente. Empiece quitando todos los pelos que obstruyan el conducto, sacándolos con el pulgar y el índice o con una pinza de depilar. Hay productos para limpiar las orejas, antisépticos y detergentes. También puede utilizar alcohol de 60° o éter. No use agua ni jabón. Utilice un bastoncillo o un trozo de algodón para retirar las secreciones. A veces notará la presencia de costras negruzcas en un perro que sacude la cabeza o se rasca las orejas. Es señal de que padece sarna de las orejas, por lo que necesitará un tratamiento específico. Si despide mal olor o presenta un líquido pardusco o blanquecino que persiste a pesar de los cuidados, lleve el perro al veterinario. En verano suelen alojarse espiguillas en el fondo del conducto; son muy dolorosas y hay que extraerlas lo antes posible. Para evitar este inconveniente, esquile la cara interna de las orejas. Hay que tener mucho cuidado con los perros de orejas caídas, pues están predispuestos a afecciones auriculares.
Ojos Una vez por semana retire las secreciones que se depositan en el reborde interno del ojo del perro con un algodón empapado en suero fisiológico o en agua hervida. Si los ojos están literalmente rojos, puede ponerle un colino antiséptico de ácido bórico. Si un lagrimeo persistente decolora el pelo bajo los ojos, consulte al veterinario. Es una afección muy frecuente sobre todo en las razas enanas. Dientes Observe el estado de los dientes una vez por semana. Si el perro lo permite y usted tiene paciencia, intente frotarlos con un trapo húmedo impregnado en bicarbonato o zumo de limón. Existe también pasta dentífrica para perros, pero su empleo no es fácil. El enemigo de los dientes del perro es el sarro, depósito calcáreo que recubre progresivamente molares y caninos, que da mal olor al aliento y favorece las infecciones de las encías y descarna los dientes. No dude en consultar al veterinario en cuanto se manifieste. Uñas Si el perro camina diariamente sobre superficies duras se le desgastarán las uñas y tendrán la longitud adecuada. Si anda poco, sobre todo en alfombras y moquetas, vigile si se le alargan demasiado. El corte de uñas es una operación delicada, ya que si se dejan muy cortas se expone a que sangren. Procure no cortar la parte carnosa; ésta se ve bien en las uñas blancas, que pueden cortarse con un cortaúñas. Si las uñas son oscuras, es mejor acudir al peluquero canino o al veterinario. Inspeccione las uñas del perro una vez al mes para evitar que se le encarnen. Para cortarlas, utilice un cortaúñas, teniendo mucho cuidado de no herir al animal. Si sangra por torpeza, desinféctelas. Pies Los pies del perro se limpiarán con bastante frecuencia y, si vive en ciudad, todos los días. Observe si hay guijarros incrustados en las almohadillas, espinas en los dedos o chicle pegado. Si el perro se lame una pata durante mucho tiempo, mírele la planta y entre los dedos, y retírele lo que le moleste.
Higiene física Todos los perros necesitan una actividad regular para mantener en forma los músculos y articulaciones. En la ciudad, las salidas le permiten hacer sus necesidades tres o cuatro veces al día y desarrollar ejercicio. Por lo menos uno de estos paseos deberá durar más de media hora. Equipe al perro con una manta cuando haga frío o con un impermeable cuando llueva, sobre todo si tiene el pelo largo. A la vuelta séquelo si está mojado. Una o dos veces por semana hay que dejarlo que se desfogue a voluntad durante varias horas. Si vive en el campo o si tiene jardín no hay problema. Estará en buena forma gracias a las numerosas idas y venidas entre la puerta del jardín y la casa o a lo largo del muro. Si es apático oblíguelo a correr y desfogarse, si es preciso haciéndolo jugar con una pelota, por ejemplo. El perro cazador se expone al agotamiento durante el período de caza y a la inactividad en primavera y verano. Equilibre la ración alimenticia en función de su actividad.
El acicalamiento El acicalamiento tiene por objeto hacer destacar la belleza del perro, gracias a tres operaciones principales: el corte de pelo, que se practica con todos los perros que tienen un pelaje abundante; el stripping o depilación, que se realiza manualmente con un peine cuchilla, y el trimming, que permite dar al animal el mejor aspecto posible. Si el perro no es de raza lo puede arreglar lo mismo. Si lo es, hay que observar ciertas reglas para que responda a las exigencias del standard. El acicalamiento es indispensable para presentar un perro de raza a una exposición canina y, en ese caso, sólo un peluquero profesional sabrá sacar partido del perro.
Material Se utilizan los cepillos, peines y cardadores necesarios para el cepillado. Hace falta también una mesa de aseo con soportes o un montante en escuadra con correas para sujetar al perro, un secador, esquiladoras con varias cabezas de corte, tijeras de peluquero grandes y pequeñas, tijeras de entresacar, varios peines-cuchilla para stripping, guantes para lustrar y un cortauñas. Edad y frecuencia El primer arreglo deberá hacerse lo antes posible, hacia los cuatro meses, para que el cachoro se habitúe y acepte este tipo de cuidados sin violencia. La frecuencia variará, según los casos, entre una vez al mes y cada seis meses. Para el Caniche se recomienda una vez cada dos meses. Entre dos arreglos, cepille al perro con regularidad y báñelo en casa.
El arreglo de los perros de pastor Se debe practicar dos o tres veces al año. Se trata más bien de una limpieza más que de un acicalamiento, ya que no se les practica el esquileo ni el corte con tijeras o se reduce a una parte del cuerpo. Las etapas sucesivas son: • En el Pastor Alemán, Belga, Francés, el Kuvasz y el Corgi: cepillado y desenredado con cepillos y peines adaptados a la longitud del pelo; vigilancia de las uñas, de los pelos interdigitales y su corte con tijeras si es necesario; limpieza y depilación de las orejas; baño y secado con secador. • En el Boyero de Flandes, Puli, Collie, Shetland, Bobtail y Pastor de Bríe: pasarle la almohaza y el cardador en las zonas difíciles; corte de pelo en la región anal, a uno o dos centímetros de longitud; corte de pelo en el vientre, del pubis al ombligo; corte de los pelos de las orejas, de las cejas, de la barba, de las patas (para otorgar al pie un aspecto redondeado); depilación de los pelos rebeldes del lomo; peinado general, baño y secado. • Komondor y Puli cordado: el pelaje comienza a retorcerse a la edad de año y medio. Tras el baño, escúrranse las mechas de pelo apretándolas con la mano; después sepárense una a una de la piel. Córtense las que lleguen al suelo. El arreglo de los perros de guarda, defensa y utilidad Se trata fundamentalmente de cuidados de limpieza y acicalamiento que deberán ponerse en práctica dos o tres veces al año. • Perros de pelo corto (Boxer, Doberman, Dogos): cepillado con un cepillo de crin dura y corta o con el guante de cepillar; los mismos cuidados señalados anteriormente para las uñas y las orejas; limpieza de los pliegues de la piel y de las arrugas bajo los ojos y los belfos; vigilancia de los codos y de los corvejones para evitar la formación de callosidades; baño y secado. • Perros de pelo largo (Terranova, San Bernardo, Pastor de los Pirineos, Pastor Catalán): cepillado con la almohaza y con el peine de cardar; vigilancia de las uñas y de las orejas; limpieza de los belfos; corte de los pelos alrededor de las patas y de los pies; baño y secado. • Perros de pelo tupido y entrepelo espeso (Alaskan Malamute, Akita Inu, Siberian Husky): los baños serán poco frecuentes para no reblandecer el pelo.
• Perros de pelo duro (Schnauzer): se utilizarán peines-cuchilla de dientes estrechos para encima de la cabeza, y de dientes abiertos para el resto del cuerpo, así como tijeras de entresacar. El esquileo se efectuará de dos a cuatro veces al año. El corte de pelo se practica de la misma manera que con el Fox Terrier. La cabeza se rasura al rape en la parte superior del cráneo y la rasuración disminuirá a medida que nos acerquemos al cuello. La papada se deja corta, las cejas se recortan, la barba se deja recta (evitando la perilla del macho cabrío) y las orejas se rasuran. El esquileo será corto en el vientre, en la cara interna y posterior de los muslos. Moderado y rebajado en el cuello, lomo, cruz, riñones, así como en los costados, flancos y cara externa de los muslos. El rabo se dejará cilíndrico y la punta redondeada. Los miembros deberán peinarse, no esquilarse. Los pies quedarán redondeados y desprovistos de pelos interdigitales. El arreglo de los perros de caza • Terriers de pelo duro: algunas variedades de Terriers deben acicalarse según las normas definidas en el standard. Tal es el caso del Fox Terrier de pelo duro, del Scottish, del Cairn, del Airedale y otros. A estos Terriers no se les corta el pelo, sino que se depilan mecha a mecha con un peine-cuchilla de dientes pequeños. Si esta operación se hace bien, resulta indolora. Si el propietario no es fanático de los concursos o si tiene prisa, puede emplear la esquiladora. No es estético pero resulta aceptable. El nuevo pelo será menos duro que después de un stripping. El equipo necesario consiste en un cepillo metálico, un peine metálico con mango, peines-cuchilla para stripping, un cepillo suave y una almohaza metálica. El aseo consiste en un cepillado con almohaza seguido de un cardado, un baño y un secado. El corte de pelo se practica de la misma manera que en el Schnauzer. • Restantes perros de caza: el arreglo consiste en un meticuloso cepillado para quitar los pelos muertos seguido de un baño y de unos retoques con tijeras. Se iguala el pelo de las orejas y se extraen los pelos interdigitales. En los Grifones de pelo duro se utiliza la almohaza y el peine-cuchilla, como en los Terriers. Se igualan el bigote, las cejas, la papada y la parte superior de la cabeza. En los Cockers, lo que más se cuidan son las orejas. El Cocker Americano tiene un arreglo muy particular, que exige el esquileo de la cara, carrillos y la parte superior de las orejas, parte inferior de las orejas y la parte baja del cuello hasta el esternón. Se recortan las pestañas y las cejas. El resto del cuerpo se corta a tijera de acuerdo con la estética y la forma de marchar del perro.
Arreglo de los perros de compañía • Caniche: existen dos arreglos principales, el corte de pelo clásico, llamado «de león», obligatorio para participar en exposiciones caninas hasta estos últimos años, y el esquileo moderno. El corte de león se caracteriza por un esquileo de las patas traseras para resaltar su forma musculosa, excepto unos «brazaletes» a nivel del corvejón proporcionados al tamaño del perro. El rabo se afeita en la base y se deja una borla redonda en la punta. Se afeitan los miembros anteriores hasta el codo dejando un brazalete similar al de los miembros posteriores. El esquileo del hocico es más delicado. Se afeita por arriba y por abajo, y la papada queda libre desde la oreja a la comisura de los labios, dejando el bigote desde la trufa hasta la comisura de los labios. Hay que procurar no tocar los pelos de las orejas. Una vez terminado el corte de pelo se iguala el resto del pelaje con tijeras de entresacar. En el corte moderno se respeta el vellón de los cuatro miembros. Los pies y el hocico se esquilan de la misma forma que en el corte de león. Lomo, vientre, cuello y pecho se dejan cortos. La borla del rabo se puede suprimir. Se recorta la cabeza dejando un tupé o una bola, y a veces se suprime el bigote. Cabe un cierto grado de fantasía según los deseos del amo o del peluquero. • Yorkshire: cepille todo el cuerpo con un cepillo suave de cerdas de jabalí, corte las uñas y quite los pelos entre las almohadillas con tijeras. Recorte el pelo de la región perineal y el bajo vientre. Bañe al perro y séquelo. Iguale los pelos de las orejas y de los pies con tijeras. Partiendo de la cabeza al rabo, rebaje el pelo de cada costado del cuerpo con un peine-cuchilla. Separe los pelos de encima de la cabeza y júntelos antes de sujetarlos con una goma elástica. No olvide el lacito. • Perritos de lanas: no se les debe esquilar ni cortar el pelo con tijeras. Los únicos instrumentos que se utilizan son el cepillo de cerda corta, el peine cardador y a veces la almohaza. |
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