Un mínimo de conocimientos de psicología canina y de etología (ciencia del comportamiento) resultan indispensables para conocer bien al perro.
La psicología del perro reside en los instintos. El perro es un predador con un instinto de caza todavía muy vivo. Su instinto de defensa del territorio hace de él un guardián nato. El instinto gregario explica su sociabilidad. Los instintos sexuales y maternales le dictan numerosos comportamientos.
El perro posee también una forma de inteligencia basada en la memorización de sus experiencias visuales, auditivas, sensitivas o táctiles: esta experiencia le permite atemperar los efectos de sus instintos.
Durante toda su vida el perro memoriza situaciones e intenta volverse a servir de ellas en el momento oportuno. La memoria desempeña una función muy importante en su comportamiento. Sin embargo, el perro carece de raciocinio abstracto y no proyecta el porvenir. Su inteligencia se ejerce en el presente.
Además de la memoria y de los instintos, las emociones influyen en el comportamiento del perro, en especial con respecto al hombre.
Pero si bien es cierto que el carácter del perro depende de su herencia y de su patrimonio genético, también depende de la manera en que el cachorro ha sido educado con relación a su especie y al hombre.
El perro y su territorio
Por atavismo, el perro se apropia de una zona reservada a su uso exclusivo, o si vive en grupo a la de su jauría, y sobre ella es soberano. Marca dicha zona con señales olorosas segregadas por las glándulas anales, que le son estrictamente personales.
En el campo, el perro da un paseo de varios kilómetros todos los días dejando señales y olfateando de cerca las de los demás. Entre los lobos, este comportamiento delimita el territorio de caza, que defienden contra los intrusos.
Estas señales olorosas son en cierto modo el símbolo de la posesión territorial. Cuando un macho extraño las olfatea comprende que debe mantenerse alejado. Por el contrario, para la hembra en celo las señales son una invitación a buscar al macho que las ha dejado.
Las señales de orina tienen otro significado. El perro orina al pie de un árbol o en las esquinas de las calles. Señala así su paso por un territorio común.
El señalamiento del territorio puede revestir otra forma: algunos perros, machos y hembras, se revuelcan en excrementos, cadáveres en descomposición u orinan cerca. Es posible que actúen así para intentar enmascarar su olor con otro particularmente fuerte. Pero es probable que ese comportamiento manifieste una carencia alimenticia de ciertos elementos, principalmente alcalinos, y algunos veterinarios recomiendan dar al animal como remedio una o dos cucharadas de agua mineral al día.
El instinto de defensa y la agresividad
El perro defiende instintivamente su territorio contra la intrusión de sus congéneres o de los seres humanos. Esto se explica porque el perro, criado entre los humanos, ve en éstos a miembros de su familia, a sus congéneres. La invasión de su dominio por un animal de otra especie (caballo u otro mamífero, con la excepción del gato) lo deja indiferente en la mayoría de los casos. El etólogo Tinbergen ha estudiado el comportamiento territorial de los perros esquimales. En las aldeas, los machos adultos forman jaurías. Cada una posee un territorio que defiende contra los miembros de las demás jaurías (el perro dominante, casi siempre un macho robusto, asume la responsabilidad de esta defensa). Los machos adultos conocen los límites de los territorios y no los franquean. Los jóvenes, por el contrario, no parecen conocerlos, y cuando se introducen en el territorio ajeno son castigados.
El instinto de defensa del territorio proporciona al perro cualidades de guardián. El animal vigila el terreno, el jardín o la casa con el máximo celo y al menor contratiempo da la alarma ladrando. Algunas razas son famosas por sus aptitudes como perros guardianes. Pero se encuentran excelentes perros guardianes en casi todas las razas.
La agresividad que genera el instinto de defensa del territorio contra la intrusión de rivales no se ve, como ocurre con la agresividad de orden sexual, afectada por la castración.
Si sus propietarios han habituado al perro a recibir visitas de otras personas, el animal no mostrará agresividad contra los individuos, sobre todo si está perfectamente sometido al amo. Para él, la familia es su jauría y su amo el jefe de la jauría. Por consiguiente, a este último le corresponde la iniciativa de la defensa del territorio.
En un jardín cercado o en un piso el perro se siente protegido. Si se abren las puertas, pierde la seguridad y se siente acorralado, como amenazado en su territorio. La situación es idéntica cuando se abren las puertas de un coche guardado por un perro. Según su temperamento gruñe o ataca directamente. Si al ladrar y amenazar el perro intruso no huye, el animal desconcertado pierde su agresividad con frecuencia. Pero si el individuo da media vuelta, el perro se considera eficaz, redobla los ladridos y muestra los colmillos.
Cuando la manifestación de hostilidad hacia los intrusos está ligada a la defensa del territorio, nunca se debe castigar ni pegar al perro. Simplemente bastará con reñirle y aislarlo en una habitación cada vez que gruña o ladre en presencia de invitados. No olvidemos que cuando agrede a un intruso cumple con su deber, y que su instinto de defensa del territorio le permitirá hacer huir a un eventual ladrón.
Los perros guardianes muerden sobre todo a los niños: estadísticas americanas muestran que, en Estados Unidos, la mitad de las mordeduras tienen como víctimas menores de 20 años, y que solamente en el 10% de los casos se trata de mordeduras graves. Cuando un niño se acerca al territorio de un perro se expone a despertar el instinto de defensa del animal y, como aquel no se da cuenta, el perro le muerde. Con frecuencia se reprocha a los perros que muestran agresividad. Pero lo cierto es que nunca atacan sin razón.
COMPORTAMIENTOS AGRESIVOS
Los comportamientos agresivos de los perros tienen causas complejas, cuyo origen radica en el psiquismo del animal. El instinto de ataque y de defensa, exacerbado por el adiestramiento, no siempre explica la agresividad, ya que otros instintos entran en juego: maternal, sexual, instinto de caza y de persecución de la pieza.
En Francia, en 1982, dos Dogos Alemanes, un macho y una hembra, famosos por su simpatía, se escaparon de un recinto cerrado y se ensañaron con un niño de ocho años que murió a causa de las heridas. ¿Cómo explicar tal accidente? Tal vez por un influjo muy fuerte de placer y alegría que produce la sensación de estar libre de repente, o por los olores del campo, que despiertan el instinto de caza, haciendo renacer la naturaleza profunda del depredador.
Los dos perros salen a buscar la caza. Dos niños se cruzan en su camino, se asustan, gritan e intentan huir. Entonces se despierta en ellos el instinto de la caza.
El instinto de protección de la hembra que está a su lado pudo explicar también el comportamiento agresivo del macho. Pero pudo intervenir otro factor: la emulación. El perro dominado sigue el ejemplo del perro dominante. Por otra parte, la agresividad que tiene su origen en el instinto sexual es un fenómeno corriente, pues el animal que no puede saciar sus apetitos tiene dos soluciones solamente: la inhibición y la neurosis o la agresividad.


